jueves, 30 de octubre de 2008

Todo va bien

Yo conozco la hitoria de un tipo que se cayó desde el último piso del más alto de los rascacielos. Mientras caía, en cada piso que pasaba, se decía a sí mismo: "Por ahora, todo va bien".

Sucede que a veces me paro, miro a mi alrededor, observo, reflexiono, veo el telediario y me duele, leo los periódicos y sangro, busco en internet y entonces protesto, grito y me quejo. También sucede que todos me contestan que por ahora todo va bien. Posiblemente tengan razón, por ahora todo va bien, pero yo recuerdo la historia, y me doy cuenta que cada vez estamos más cerca del suelo, y que lo importante no es que todo vaya bien, o creamos que vaya bien, lo realmente importante es el aterrizaje, que si no me equivoco, al igual que el del tipo que se caía del más alto de los rascacielos, va a ser muy duro.

Quizás todavía estemos a tiempo, y podamos agarrarnos a algún sitio o abrir el paracaídas de emergencia.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Lingüistas, de Mario Benedetti

Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüistas y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filósofos, semiólogos, críticos estructuralistas y desconstruccionistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática.

De pronto las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica:
-Qué sintagma!
-Qué polisemia!
-Qué significante!
-Qué diacronía!
-Qué exemplar ceterorum!
-Qué Zungenpenspitze!
-Qué morfema!

La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas. Sólo se la vio sonreír, halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza antes de abrirle la puerta, murmuró en su oído: "Cosita linda".

viernes, 24 de octubre de 2008

Se hace de noche

No sé qué tiene la noche. No sé si será la luna, quizás sean la estrellas, no lo sé. El caso es que la noche me hace sentir diferente. Ismael Serrano dice que la noche debilita los corazones, y yo no puedo estar más de acuerdo. Tampoco encuentro las palabras para expresarme, no sé, quizás sea la soledad de la oscuridad, el frío nocturno, o la luz de la luna, lo que haga que sólo desee resguardarme en tu abrazo hasta que me despierte la luz del sol.


jueves, 16 de octubre de 2008

Mi renuncia a ser adulto

Hoy que cumplo 22 años me gustaría adherir mi firma afrontando todas y cada una de sus consecuencias a la siguiente renuncia.
Por medio de la presente presento mi renuncia irrevocable a ser adulto.

He decidido aceptar la responsabilidad de tener seis años nuevamente. Quiero ir a McDonald’s y pensar que es un restaurante de cinco estrellas. Quiero navegar barquitos de papel en un estanque y hacer anillos tirando piedras al agua. Quiero pensar que los dulces son mejor que el dinero, pues se pueden comer. Quiero tener un receso y pintar con acuarelas. Quiero salir cómodamente de mi casa sin preocuparme cómo luce mi cabello. Quiero regresar a mi casa, a una comida casera y que alguien corte mi carne. Quiero recostarme a la sombra de un viejo roble, y vender limonada con mis amigos en un día caluroso de verano. Quiero abrazar a mis padres todos los días y enjugar mis lágrimas en sus hombros. Quiero regresar a los tiempos donde la vida era simple.

Cuando todo lo que sabía eran colores, tablas de sumar y cuentos de hadas; y eso no me molestaba, porque no sabía que no sabía y no me preocupaba por no saber. Cuando todo lo que sabía era ser feliz porque no sabía las cosas que preocupan y molestan. Quiero pensar que el mundo es justo. Que todo el mundo es honesto y bueno. Quiero pensar que todo es posible.

En algún lugar de mi juventud maduré y aprendí demasiado. Aprendí de armas nucleares, guerras, prejuicio, hambre y de niños abusados. Aprendí sobre las mentiras, matrimonios infelices, del sufrimiento, la enfermedad, el dolor y la muerte. Aprendí de un mundo donde saben cómo matar y lo hacen.

¿Qué pasó con el tiempo en que pensaba que todo el mundo viviría para siempre, porque no entendía el concepto de la muerte, excepto cuando perdí a mi mascota? Cuando pensaba que lo peor que pasaba era que alguien me quitara mi pelota de jugar o me escogiera el último para ser su compañero de equipo. Cuando no necesitaba lentes para leer.

Quiero alejarme de las complejidades de la vida y excitarme nuevamente con las pequeñas cosas.

Recuerdo cuando era inocente y pensaba que todo el mundo era feliz porque yo lo era. Caminaría de nuevo en la playa pensando solo en la arena entre los dedos de mis pies y la caracola más bonita que pudiera encontrar sin preocuparme por la erosión y la contaminación. Pasaría mis tardes subiendo árboles y montando en bicicleta hasta llegar al parque, sin la preocupación de que me secuestren. No me preocupaba el tiempo, las deudas, o de dónde iba a sacar el dinero para arreglar el coche. Sólo pensaría en qué iba a ser cuando fuese mayor, sin la preocupación de lograrlo o no.

Quiero vivir simple, nuevamente.

No quiero que mis días sean de computadoras que se cuelgan, de la montaña de papeles en mi escritorio, de noticias deprimentes, ni de cómo sobrevivir unos días más al mes cuando ya no queda dinero en la chequera. No quiero que mis días sean de facturas de médicos o medicinas. No quiero que mis días sean de chismes, enfermedades y la pérdida de seres queridos.

Quiero creer en el poder de la sonrisa, del abrazo, del apretón de manos, de la palabra dulce, de la verdad, de la justicia, de la paz, de los sueños, de la imaginación. Quiero creer en la raza humana y quiero volver a dibujar muñecos en la arena.

Quiero volver a mis seis años nuevamente, y ya está decidido.

viernes, 10 de octubre de 2008

Cuando Peter tuvo miedo por primera vez

Y entonces una noche se produjo la tragedia. Era primavera y ya se había acabado el cuento por esa noche y Jane ya estaba dormida en su cama. Wendy estaba sentada en el suelo, muy cerca del fuego, para poder ver mientras zurcía, pues no había ninguna otra luz en el cuarto, y mientras zurcía oyó un graznido. Entonces la ventana se abrió de un soplo como en otros tiempos y Peter se posó en el suelo.

Estaba exactamente igual que siempre y Wendy vio al momento que todavía conservaba todos sus dientes de leche. Él era un niño y ella era una persona mayor. Se acurrucó junto al fuego sin atreverse a hacer ningún movimiento, impotente y culpable, una mujer adulta.

-Hola, Wendy -dijo él, sin notar ninguna diferencia, pues estaba pensando sobre todo en sí mismo y a la escasa luz su vestido blanco podría haber sido el camisón con que la había visto por primera vez.
-Hola, Peter -replicó ella débilmente, encogiéndose todo lo posible. Algo en su interior clamaba: «Mujer, mujer, suéltame.»

(...)

-Peter -dijo, vacilando-, ¿estás esperando que me vaya volando contigo?.
-Claro, por eso he venido.
Añadió con cierta severidad:
-¿Has olvidado que hay que hacer la limpieza de la primavera?
Ella sabía que era inútil decirle que se había saltado muchas limpiezas de primavera.
-No puedo ir -dijo en tono de excusa-. Se me ha olvidado cómo volar.
-No tardo nada en volver a enseñarte.
-Oh, Peter, no malgastes el polvillo de las hadas en mí.
Se había levantado, y por fin lo asaltó un temor.
-¿Qué pasa? -exclamó encogiéndose.
-Voy a encender la luz -dijo ella-, y entonces lo verás.

Casi por única vez en su vida, que yo sepa, Peter se sintió asustado.

-No enciendas la luz -gritó.

(...)

Luego encendió la luz y Peter lo vio. Soltó un grito de dolor y cuando aquel ser alto y hermoso se inclinó para cogerlo en brazos se apartó rápidamente.

-¿Qué pasa? -volvió a exclamar.
Ella tuvo que decírselo.
-Soy mayor, Peter. Tengo mucho más de veinte años. Crecí hace mucho tiempo.
-¡Prometiste que no lo harías!
-No pude evitarlo. Soy una mujer casada, Peter.
-No, no es cierto.
-Sí y esa niña de la cama es mi hija.


¿Y tú, qué? ¿Has podido evitarlo, o también has crecido? ¿Qué pasará si alguien enciende la luz?


miércoles, 8 de octubre de 2008

Obstáculos, de Jorge Bucay

Voy andando por un sendero. Dejo que mis pies me lleven. Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorte la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.

Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.

Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa.
Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso. Temo. Dudo. Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto... Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.

Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad, el camino parece despejado.

Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo. Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos. Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo... y resisto.

Empiezo a construir el puente. Pasan horas, días, meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado, descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños. Me siento abatido. Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca....
No dejaré que el muro impida mi paso. Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire. De pronto veo, a un costado del camino, un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad. Me recuerda a mí mismo cuando era niño. Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja:

-¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?

El niño se encoge de hombros y me contesta:

-¿Por qué me lo preguntas a mí? Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras. Los obstáculos los trajiste tú.
De una forma u otra este breve relato vuelve a insistir sobre lo que he escrito en días anteriores.

¿Cuántas veces somos nosotros los que nos inventamos las barreras que no nos dejan conseguir lo ansiado?




lunes, 6 de octubre de 2008

Maestro Yoda

Siempre he sido muy aficionado a la saga de la Guerra de las Galaxias, tanto como que los episodios IV, V y VI los he visto en multitud de ocasiones. Sin embargo, tuvo que llegar un buen día un amigo a decirme lo buena que le parecía una frase que dice Yoda en el episodio V.

No. No lo intentes. Hazlo, o no lo hagas, pero no lo intentes.

Cuanta verdad encierra esta frase. Sucede muy a menudo que antes de hacer algo ya estamos pensando que es muy difícil, casi imposible. Que yo me conozco y sé que no voy a poder. De una forma u otra estamos ya excusándonos ante un posible fracaso. Pero hay algo peor que excusarse, lo realmente grave es que nos estamos predestinando a él.

domingo, 5 de octubre de 2008

El ciego y la primavera

Habia un ciego sentado en un andén de París con una gorra a sus pies y un pedazo de madera escrita con tiza blanca: "Por favor ayúdeme soy ciego".

Un publicista del área creativa que pasaba enfrente de él, paró y vió una pocas monedas en la gorra. Sin pedir permiso, cogió el letrero, lo volteó, tomó la tiza, escribió otro anuncio, volvió a colocar el pedazo de madera a los pies del ciego y se fue.

Al caer la tarde, el publicista volvió a pasar por donde estaba el ciego que pedía limosna. Ahora su gorra estaba llena de notas y monedas. El ciego reconoció las pisadas del publicista y le preguntó si habia sido él quien había cambiado el letrero. También le preguntó a ver que había escrito, porque era lo que realmente le interesaba saber.

El publicista respondió: "nada que no esté de acuerdo con su anuncio, pero con otras palabras" y sonriendo continuó su camino.

El ciego nunca supo lo que estaba escrito, pero su nuevo letrero decia: "Hoy es primavera en París y yo no puedo verla".
Todo el mundo está de acuerdo en la moraleja de esta historia: a veces es mejor cambiar de estrategia. Quizás sea cierto. No lo niego, pero yo voy más allá. Yo me pregunto por qué la gente empieza a tener compasión del ciego, que al fin y al cabo, era el mismo.
Probablemente, la gente que pasaba por allí tampoco estaba viendo la primavera de París
aún pudiendo hacerlo. No estaban viendo la primavera porque estarían protestando por no poder hacer otras cosas. Estarían quejándose y maldiciendo a Dios por dar pan a quien no tiene dientes. Sin embargo, el único que no tenía ni pan ni dientes era el ciego.
Ya es hora de empezar a disfrutar de lo que realmente podemos. Quizás el ciego no podía ver la primavera, pero estoy jodidamente seguro de que sí podía olerla y de que sí podía sentirla.

viernes, 3 de octubre de 2008

AHORA

¿Cuántas veces te han dicho que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy? ¿Cuántas veces no le has hecho caso? En mi caso demasiadas.

El “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” era una de mis frases más odiadas, puesto que siempre te la decían para que estudiaras o hicieras los deberes. A mí, sin embargo, siempre me gustaba dejarlo todo para última hora.
Pero resulta, que con el paso del tiempo, uno por desgracia crece y esa frase que te repetían una y otra vez resulta jodidamente cierta. También descubres que el tópico no se lo inventaron tus padres.

“carpe diem, quam minimum credula postero"
Así que ya basta de maldecirse por haber dejado pasar el momento, por no haber dicho y haberte callado. Basta ya de dejar pasar tantos trenes que no vuelven. Basta ya de perder el tiempo haciendo planes un mañana que se empeña en no llegar. Ya no quiero más ayeres, tampoco quiero mañanas cargados de ilusión. Es el momento de fabricar el hoy, que sólo hay uno. Al fin y al cabo, como dice Mario Benedetti, ayeres y mañanas hay muchos, pero sólo hay un hoy. Sólo hay un ahora.

“Hay ayeres y mañanas, pero no hay hoyes”

Y ahora, ahora es el momento de muchas cosas. Ahora es el momento de volver a empezar. Ahora, y no mañana, es el momento para construir este castillo de arena, porque hoy es siempre todavía, porque toda la vida es ahora.